La respuesta honesta siempre decepciona. Y es la única respuesta correcta.
Todo negocio hace esta pregunta en algún momento.
¿Cuánto cuesta una web?
La respuesta honesta siempre decepciona.
Depende.
No para esquivar la pregunta.
Sino porque es la única respuesta correcta.
de los usuarios juzga la credibilidad de un negocio por el aspecto de su web. Antes de leer el precio. Antes de ver los años de experiencia.
Stanford Web Credibility Research
Una plantilla configurada en un fin de semana. Sin personalización real, sin estrategia, sin pensar en tu negocio concreto. Tiene sentido para probar si una idea funciona, para un portfolio básico, para cuando literalmente no tienes nada.
No para representar a un negocio consolidado que quiere que le tomen en serio.
Desarrollo a medida, meses de trabajo, integraciones complejas, un equipo de seis personas. Tiene sentido para e-commerces grandes, para plataformas con lógica de negocio compleja, para empresas que facturan millones.
No para un negocio local que necesita aparecer en Google y recibir contactos.
El problema no es el precio. El problema es cuando alguien paga €50.000 por lo que necesitaba por €3.000, o paga €300 por algo que le cuesta clientes cada día.
Explicar tu negocio y conseguir contactos es diferente a vender online, que es diferente a posicionar en Google para términos específicos. Cada respuesta lleva a un trabajo distinto — y a un presupuesto distinto.
Un cliente que decide en 24 horas necesita una respuesta diferente al que compara durante semanas. El diseño, la jerarquía y el tono cambian según quién es esa persona y cómo toma sus decisiones.
No en abstracto. En clientes que van al competidor porque su web parece más seria. En presupuestos que no pides porque no tienes dónde mandar a la gente. En tiempo perdido explicando lo que la web explicaría sola.
Que vale la pena responder primero. Las tres juntas definen lo que necesitas — y, por tanto, lo que debería costar.
Escribe en una frase qué tiene que hacer tu web. Si no puedes escribirla, la web tampoco lo podrá comunicar.
Piensa en la persona que va a entrar. ¿Qué necesita ver para confiar lo suficiente como para contactarte?
Calcula cuánto vale un cliente. Multiplícalo por los que pierdes al mes por no tener una web que funcione. Ese número es tu presupuesto mínimo.
Si quieres saber qué necesita tu negocio concreto, cuéntanoslo. Sin rodeos: en 24 horas te decimos qué tiene sentido y qué no — sin coste, sin compromiso.
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