Todo lo que ves existe.
Desiertos de arena roja, volcanes bajo glaciares, montañas que flotan entre nubes: ocho lugares reales que parecen de ciencia ficción. La tesis cabe en una línea: la Tierra ya es extraordinaria.
Queríamos que la web se recorriera como una expedición, no como una página.
Una web que se siente como viajar.
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Un mundo por pantalla, con su atmósfera
Cada planeta —Namibia, Islandia, Uyuni, China, Bután, Socotra, Lençóis, Capadocia— tiene su propio tema cromático, y la página cambia de tono al llegar a él.
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Coordenadas que cambian
En la cabecera, las coordenadas GPS del lugar que estás viendo se actualizan con el scroll: sabes dónde estás en el mapa a la vez que en la página.
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Movimiento que acompaña
Scroll suave, fotografías que se desplazan a distinta velocidad (paralaje), números que cuentan al aparecer y vídeo en la portada. Todo al servicio de la lectura, nada que la interrumpa.
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Fotografía real y a sangre
Sin CGI ni filtros: la imagen ocupa la pantalla y el texto se reduce a lo mínimo —nombre, región, edad, mejor luz.
Una expedición, con su índice.
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Un índice de la expedición
Antes de empezar, una lista de los ocho mundos con su lugar: sirve de mapa y de promesa.
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Una ficha por planeta
Región, un dato y mejor luz, en formato de ficha técnica: ciencia ficción contada con rigor.
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Tres cifras que cierran el viaje
4.500 millones de años, 8,7 millones de especies y maravillas infinitas por descubrir.
El scroll, en 20 segundos.
Cómo se ve.

Portada: vídeo de fondo, título en serif y coordenadas en la cabecera.

El índice de la expedición.

Un planeta: cifra, fotografía y atmósfera propia.

Cierre: «La mayor historia de ciencia ficción es la realidad».

La otra mitad de lo que hacemos.
No tiene cliente ni límites. Es una pieza experimental para enseñar que, cuando el proyecto lo pide, una web también puede ser una experiencia.
Y detrás de cada animación hay una decisión, no un adorno: qué movimiento ayuda a leer, cuál sobra y cuál cuenta algo.
