El dominio estaba comprado; la web, sin hacer.
Un restaurante con una sola mesa compartida para diez comensales cada noche, con reconocimiento de la prensa y de las guías. Su dominio llevaba tiempo en una página de «próximamente» y el único camino para reservar era un widget suelto enlazado desde Instagram.
Un sitio así no se explica con una carta y un teléfono: hay que contar la experiencia antes de que alguien decida reservar.
Tres cosas para destacar.
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Contar la experiencia, no solo el menú
Mesa compartida, menú único, producto de temporada: lo que lo hace distinto tenía que ser lo primero que se lee.
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Reservar con claridad
Precio, qué incluye, aforo y temporada explicados antes de pedir la reserva, para que quien llega ya sepa a qué viene.
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Un tono propio
Castellano con toques en euskera —«Hamar lagun. Jatorri bat.»— para que suene a ese sitio y no a un restaurante cualquiera.
Diseñar una cena.
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Oscuro y editorial
Fondo casi negro, serif clásica y mucho aire: la web se lee como se entra en un comedor con poca luz.
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Una decisión por pantalla
Un titular, una idea y una acción. El menú único se explica en su propio bloque, sin competir con nada.
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Los datos que importan, juntos
Precio por persona, bebida incluida, máximo de comensales y temporada aparecen en una misma línea, sin letra pequeña.
Cómo se ve.

El menú único, contado como una historia.

«Una mesa. Mil historias.» con precio, aforo y temporada.

Cierre: cómo llegar, contacto y reservas.

Hecha por iniciativa propia.
Esta web nació por iniciativa nuestra, sin que nadie nos la pidiera: queríamos imaginar cómo se vería este negocio con una presencia a la altura de su trabajo. Los textos y las imágenes salen de información pública y son un punto de partida; todo se puede cambiar. Las fotografías proceden de su Instagram y se sustituirían por las suyas.
Si tienes un negocio con buena reputación y una web que no la refleja, empezamos por ahí.

