No queríamos otra web de empoderamiento de postal.
FUERZA recorre seis décadas —del voto en 1920 a la ciencia en 2009 y el presente— y ancla cada una a un hito real: una ley, un premio, una fecha. Nada de frases motivacionales: si no se puede comprobar, no entra.
Lo que buscábamos era una web que se leyera como una revista: despacio, por páginas, con jerarquía y con silencios.
Lectura, ritmo y orden.
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Una década por pantalla
El scroll imita el pasar las páginas de una revista: cada década ocupa su espacio, con su número grande, su hito y una fotografía.
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Un sistema técnico a la vista
Un grid modular de seis columnas con líneas finas siempre visibles, como la maqueta de una revista antes de imprimirse. Lo técnico da sal; lo editorial manda.
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Siempre sabes dónde estás
Un indicador de década fijo en el margen y datos de cabecera —folios, edición, fechas— que sitúan la lectura, como en una publicación impresa.
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Alternancia
Las décadas alternan izquierda y derecha para que el ojo no se acostumbre ni se pierda.
Blanco y negro cálido, no clínico.
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Color
Fondo hueso, tinta casi negra y un único acento arena. Las fotografías, en blanco y negro puro. Sin colores de campaña.
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Tipografía
Titulares grandes en DM Sans Bold, texto de lectura pequeño y sobrio y números de década enormes.
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Esquinas cuadradas
Ni redondeos ni sombras: cuadrícula, líneas y papel.
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Tono
Editorial y sobrio: un dato, una fecha, una persona. El cierre —«La fuerza no se concede»— es la única frase con opinión.
Cómo se ve.

Portada: cabecera de revista, retrato a toda altura y la primera década.

Década 02 · 1943: el trabajo. Una fecha enorme en vertical, un hito y su fotografía.

Década 05 · 2009: la ciencia. La alternancia cambia el lado de la composición.

Cierre: «La fuerza no se concede». Las seis décadas, en una tira.

Un ejercicio de criterio.
FUERZA no tiene cliente: es una pieza de portfolio. Queríamos comprobar qué pasa cuando una web renuncia a los recursos habituales —carruseles, iconos, ilustraciones— y confía solo en tipografía, fotografía y ritmo.
Es la misma disciplina que aplicamos a una web de negocio local, con otro tema: decidir qué se lee primero, qué se ve y qué sobra.
